abril 27, 2011

Vereda .-

Si me canso del reflejo de la sal ajena; si me canso de las cruces forjadas con secretos, chismes y suposiciones que no me pertenecen; si me canso del dolor del alma tuya. Si he de cansarme de los aullidos resonando en las paredes invisibles, de los choques de mis manos contra sus rostros, y de un agujero donde la gravedad pareciera un sin fin de jamases que duran toda la vida. Pues me vale recordar las consecuencias de ir caminando así sin prisa de nada y tranquilita por la calle principal, y no olvidar que echarme a un lado es una sensatez. 
Porque nunca he de interpretar el papel estrella, la vereda está hecha para quedarme en ella. Extiendo la mano con gesto gentil y deseo éxito admirando como con pena tu perfil. . . que pareciera ir con paso poco firme hacia el desAstrè MismÔ. 
Y fuera de mi vereda, ni la sombra asomaría ya más. Ah, claro, hasta que te rompas una pierna y me toque salir a escena en nombre de la lealtad y las buenas costumbres que me han enseñado en casa.

¿ Habrá un sustituto esperando en mi vereda ?