murió uno y floreció el rosal
murió otro y se marchitaron; pero brotaron espinas de colores
en mi pecho sigo regando sus amores idos, ausentes que deambulan en el patio de la casa.
en mi pecho proclamo y me niego al perdón y olvido por la muerte de mis hijos y los ahogados vivos que no insisten porque ya no insisten lloro por ello ni resisten, ni construyen ellos solamente aguantan.
noviembre 27, 2018
ángel negro
Has sido mi más profundo y constante amor, hermanito hermoso.
Todo lo que espero es que hayas tenido una vida feliz junto a nosotres, porque te juro que te amamos como a nadie, hermano, y siempre serás lo mejor de mi familia. Tú y yo éramos suficientes como una familia entera, completa. por favor, aparécete en mis sueños, dormida o despierta, en el plano que sea, en el que sea posible, pa encontrarnos de nuevo benjamín, rey de mi corazón entero por siempre.
Benjamín Bartolomeo Vidal Gajardo 2004 - 2018.
agosto 23, 2018
junio 02, 2018
Marías Rosario
Yo me follé a María. No, en realidad ella se folló a Cristóbal y luego
él me folló a mí. Desde entonces, tengo una obsesión con María que no he podido
arrancarme de la piel, como si el nombre susurrara a ras de la carne, como si
fueran insectos fosforescentes chupándome la sangre a pedazos imperceptibles,
pero que cuando saqué la cuenta noté que ya me quedaba medio brazo izquierdo. Y
es ese medio brazo el que sigue trazando a tientas lo único que tengo en la
memoria. María, María Clementina, María Lucrecia, o las Tres Marías o la Niña
María, la prostituta, la Virgen María que al final son la misma mujercita de
mantos sacros, construida de yeso y barniz de uñas; una que se aparece con los
senos graffiteados y los brazos extendidos a las puertas de la catedral. Otra
con aspecto de niña y las manitos juntas rezando a través de la vitrina. Esa
María pequeña siempre me dirige una mirada tan terrible cada vez que camino esa
avenida, hace tintinear el vidrio y yo poso las manos sobre el mismo intentando
mancharlo con mis huellas, ensuciarlo con mil caminos diminutos que le desvíen
la vista y que por favor deje de mirarme, pero yo no puedo dejar el horror de
lado, no dejo de sentir los vellos erizándose en mis brazos ni el viento helado
que me corta la garganta como si la pequeña María estuviese muerta. Hay otra
que se esconde entre maleza al fondo de una gruta con piedras huecas. Esa es la
más bonita, esa es la única de todas que no me hace llorar, que no me sigue en
las siestas en la micro de vuelta a casa. Esa María debe ser la única cómoda
con su hogar, empapada en agua común y corriente con olor a laureles y cintas
rojas, con pequeñas réplicas de sí misma vendiéndose al por mayor en la entrada
de su gruta, donde un montón de mujeres se han mudado con ella y le gritan
canciones benditas cada dos cuartos de hora, y a través de los parlantes se
entonan los cinco misterios gozosos, se
saltan las heridas y se envuelven en los cinco gloriosos que le siguen. Por ella
yo me arroparía, sería hija, soltaría esta obsesión y no me sentiría huérfana
como me siento ahora. Pero no, no puede ser así porque ese nombre que sigue
susurrándome encima de las cejas y las pestañas me dejó medio brazo, y ahora
también me deja sin costillas. En cambio, me han salido branquias a medio
remendar a cada costado del cuerpo; a partir de ellas respiro tambaleándome en
la baranda del río. Allí aparece la última; nadando, ahogándose con los labios
resquebrajados y semi abiertos mirando hacia Cristóbal. Entonces yo vuelvo como
por una fuerza magnética que me adhiere a los
barrotes de concreto y desgarro con María los cinco misterios dolorosos
que todas las otras mujeres decidieron ignorar.
Aquí suspirando, gimiendo y llorando en este valle de
lágrimas
… A
la memoria me vienen solo canciones y rezos que nunca nadie me enseñó. Intento
sostenerme y no ir a favor de la rivera, pero es que no puedo y me siento tan
violada por mil mujeres santas. Cristóbal observa vano desde arriba, y entonces
creo comprender. Cuarto misterio glorioso: la Asunción de Nuestra Señora a los
Cielos.
LA FAMILIA HA MUERTO
o La última palabra
La
primera vez que lo enfrenté, tenía como diez años. Me acuerdo clarito:
estábamos en el living y grité fuerte que me pegara, que me sacara la porquería
si quería pero que no me iba a callar (en ese tiempo yo no decía garabatos). El
segundo round fue seis años después, cuando decidí salir de la casa sin
despedirme y no me habló por dos semanas, hasta que mi mamá me convenció para
pedirle disculpas. El último conflicto fue hace un par de meses. La mierda
quedó dando vueltas en el aire porque yo me cuestioné cómo tenía la cara de
hablarme de responsabilidad y del cuidado a sí mismo, cuando él por curao quedó
tirado en algún punto de Avenida Matta con la cabeza machucada, sangre en la
camisa, sin saber cómo, si estaba tomándose unos copetes no más con unos
colegas en La Piojera. Esa vez me quedó mirando con ira y pena, me cerró la puerta
de su pieza en la cara. Yo nunca me disculpé.
Ahora tengo veintidós años y no lo
saludé para el Día del Padre. Tampoco me he retractado ni pienso hacerlo. Él no
lo ha olvidado ni lo hará. Pero sí hablamos, porque a estas alturas no tiene
sentido aplicar la ley del hielo en una casa que se está quedando cada vez más
despoblada.
En el fondo, sabe que esta casa es tan
fría que ya no se puede sostener sin estufa a parafina, por eso se levanta
temprano, a pesar de sus años y sus huesos. Porque un Hombre de Campo que se ha
formado en la ilustre Escuela de Carabineros, se toma la vida entera con
trabajo y disciplina. La llamita artificial comienza a calentarnos desde el
mediodía, a veces incluso más temprano, y no se apaga hasta la una o dos de la
mañana, dependiendo de la programación de la tele. Pero a esa hora él ya está
durmiendo, porque el Hombre de Campo se acuesta con el sol y se levanta con las
gallinas. En Maipú no hay gallinas, pero tenemos una plaza al frente y el Paco
Retirado sale a barrer y regar religiosamente. Cuando se ve reemplazado por el
viejo del aseo, entonces barniza la reja de entrada, o barre el patio, o
remueve la tierra del diminuto antejardín antes de irse al trabajo.
En la casa del Hombre de Campo nunca
falta la comida; pero la buena comida, como el consomé de ave, la sopa de pava
y la carne de cordero que la mujer le prepara solo a él porque nadie más
aguanta tanto animal. Al Hombre de Campo no le faltan las rancheras los
domingos, ni el vino los lunes. Tampoco le falta el vino los martes, ni le
falta los miércoles y los jueves y los viernes y los sábados y los domingos.
Pero el Hombre de Campo no es alcohólico, él toma porque es antioxidante, y de
repente uno o dos vasos de whisky también porque ya está viejo y puede darse el
gusto.
Fanático del Santo Papa Juan Pablo
II, el Paco Retirado se limita a hablar sobre la importancia de la gratitud, el
amor por la familia y el respeto, esos valores católicos de los cuales los
fachos cínicos se pueden agarrar porque les sienta bien. Respeto por él que es
el Padre, respeto porque es el Jefe de hogar, porque nos ha dado todo, porque
tenemos qué comer, porque no pasamos frío, porque sí. Porque Yo Soy La Última
Palabra.
Después del almuerzo, que nunca es
en la mesa del comedor, excepto en Navidad y Año Nuevo, dice que va a descansar
dos minutitos y se pierde en su pieza. A veces hasta el otro día. Y ahí,
tumbado en un colchón que ya se ha deformado con el peso de sus polvos
desabridos y las siestas de cinco horas, se pone a pensar en todo lo que logró.
En la hermosa familia que ha formado; que tiene esta casa propia, que tiene un
perro -y una mujer- que le obedecen. Un par de hijas bien portadas, un auto y
un típico trabajo de paco jubilado, estable y bien remunerado. Lo cierto es que
antes de que se le cierren los ojos por tanto cansancio no puede evitar lo que realmente
sabe, y se entierra en el sueño cagado de miedo, adormecido por su propio hedor
a vino y cigarros que ya se ha quedado impregnado en su colchón y piel.
Los tres diplomas de “Empleado del
mes” cuelgan de la pared azumagada, al igual que el calendario de Juan Pablo II
y una foto mía en sepia vestida de niña antigua que dice Feliz día, papá.
a la ribera (manifiesto)
Cuando
una nace no parte de donde nace. Se parte del desamor de doscientas
generaciones antes; donde una se va sucediendo a otra cada vez con más
hipocresía y sudor del esfuerzo de clase baja pujando para media. Desde allí mi
existencia corrió hacia adelante hasta quedar varada en el momento mismo de la
concepción, cuando el miembro de mi padre aún latía tibio en la entrepierna de mi
mamá enamorada. Allí una nace, habiendo ya vivido años de soledad y desasosiego.
Y aquello que no me tocó presenciar en carne propia, me tocó recordarlo,
saberlo de antemano y llevarlo sobre los hombros como dolor propio.
Desde allí, fui construyendo lo que
rápido se destruye. Fui volteándome una y otra vez sobre los rasmillones internos
y externos de mi cuerpo, y les hundí el dedo índice con un poco de culpa y
satisfacción. Fui mordiéndome las paredes interiores de la boca sin quererlo,
porque los dientes me nacieron chuecos, igual que los dedos de los pies, las
rodillas y la forma en que miro a las personas. Me fui creciendo, poniéndome
vieja rápidamente; sobreponiéndome a lo terrible, mascando piedras, pateando
lauchas. Sobremuriendo afirmada a la baranda del puente que cruza el Mapocho. Y
desde el cemento firme he visto a tanto muerto flotando boca abajo, a tanto
niño anfibio que come algas sucias y se frota contra las murallas de piedra que
contienen este río que nunca conocí de rojo. Porque nací cuando ya lo habían
llenado de mierda y así se quedó. Y yo no alegué, ahí me he quedado. Mirando
boca arriba cómo se andan volando cojas todas esas bombas jóvenes que, en esta
ciudad, siempre parecieran estar a punto de estallar.
Desde esta ribera del río, la que va
hacia abajo, una sabe de lágrima, de ceniza y humo. Sobre todo de lágrima,
porque una no llora como una María Magdalena, sino como un río. Un río que
nació con dos brazos fuertes como cualquier ser vivo, y que uno le fue mutilado
para la bienaventuranza de otros que, a lo largo de su vida, lo han llenado de
cadáveres y sangre coagulada. Así es como una aprende a llorar, como si le
faltara un brazo, como si estuviera compartiendo todos los días de su vida con
la muerte, abrazándola, dejándole que te respire en la nuca.
Y me las he llorado todas. He
llorado por mis muertos y por otros muertos, me he quedado muda y ciega a la
diestra de otros muertos que no me importaron y he llorado por otros que ni
siquiera conozco y que no he visto jamás. He llorado como si no conociera otro
sentimiento; como si de ello dependiera la vida, me he afirmado del llanto para
saberme menos muerta y seguir aguantando. Y de repente tener que secármelas
porque una sabe que queda mucho por qué llorar todavía.
Y entonces para no llorar ni
aguantar más, escribo. Me até la diestra al lomo. Liberé la zurda, y me agarré
a los cables de la luz, de latas luciérnagas, de lo que sea, lo que sea que
Dios quiera. Tuve que desanudar a punta de lágrima, como
cuando no paré de coser y adormilada en un ojal casi se me va el aire.
Partí de una boca cerrada, la
entraña chorreando y una médula pendiéndome de la costilla, casi cortando mi
espina dorsal. Como costurera tomé asiento y comencé a desprender dolor por
dolor, alegría por alegría, pasión por pasión, y en ese enredo subjetivo de la
percepción y las intenciones supe que vale más seguir la tradición bordada de
las abuelas y su llanto de años.
Escribir,
y que desde la boca cerrada, pero no sellada, se abran ventanas, se descubran
verdades, se suelten lágrimas, se aprieten dientes, se abran piernas y se empuñen
manos. Y así, una vez que la ventana se abre y para siempre, comienza la
internalización de lo manifiesto: el reconocimiento entre vereda y entraña, un
deambular biográfico sobre cada rincón de lo expresamente visible, lo que vivo
y estrecho con el otro, lo inevitable.
Es eso, internalizar lo
manifiesto. Escucho el gemido incesante de los espacios abiertos, de la
realidad corriendo desvencijada a través de las personas y los bordados, y
entiendo que hay una forma, irremediablemente una sola forma de salirme de sí. Me
quedo a la deriva, en la punta de la baranda del río y así escribo al revés.
Desde el desastre, a partir de la nada angustia. Con el peso de esta casa
derruida que es mi país. Porque este país muerto soy yo, respirando a techo abierto,
quemando, incendiando de nuevo y encontrando en el fuego la bienvenida. Por
encima de los escombros y la catástrofe, por encima de la hecatombe, del
apocalipsis, y de toda la muerte que puede ocurrírseme, dilucido y descubro la
fe enardecida de la insistencia.
la Luna siempre es muy linda
y el sol muere cada tarde.
Me
pasa con Victor Jara que no sé si estuvo de moda o lo está ahora. ¿En qué va?
en el impacto que causó, en la herencia/trascendencia de su canto. En cuántas
balas le atraviesan por cantar una canción.
Dentro
de la religiosidad populacha uno se vuelve santo cuando muere como mártir, siendo
referente de algo, la voz del pueblo. Después te adornan la tumba y te
comienzan a prender velitas año tras año, pegando alrededor de tu muerte flores
plásticas y placas de agradecimiento por favor concebido. En el caso del
Victor, las tenía todas para transformarse en el santo popular que dejó la
época del terror en Chile. Sin embargo, el paso de su vida por la nuestra se
encausó por otro camino: las mil guitarras para Victor, las mil versiones de
sus canciones y el bendito Victor Jara wannabe
de la Nueva Canción Chilena.
Desde
que se abrió paso al nuevo milenio moderno y jaguarino del Chile democrático, se
hizo eco de muchas voces nuevas que entonaban con guitarra en mano, y se
metieron al mismo saco trovadores, punketas, locos y locas pop y folk por la
pura coincidencia de fechas. En esta efervescencia de acústicos me encontré un
día con nuevas versiones del canto de Victor Jara. La Pascuala Ilabaca le daba
voz femenina y unos sonidos medios jazzeros a “La Luna siempre es muy linda”,
una de las canciones grabadas para el álbum “Me saco el sombrero” del año 2014.
Y
aquí sí que no dudo, ella y el disco sí estuvieron de moda. Y me incomoda. Me
incomoda el trastorno de contextos y la manipulación de un manifiesto de vida,
pero sobretodo de muerte. Pienso en el poco sentido de la Nueva Canción que
busca ser referente de algo y, a lo mejor, hasta desea atravesarse el cuerpo
con un par de balas para que lo recuerden. Para ser algo en este otro Chile del
terror, cuyo enemigo fantasma nadie consigue reconocer para darle la pelea. Dan
palos de ciego y chocan incesantemente con la nostalgia malparida. No creo que
se trate de repetir la misma resistencia y reversionar una trinchera de lucha
porque el escenario es otro y para actuar, primero hay que reconocerse hijo de
su tiempo.
Y
no pienso, por ejemplo, en “El manifiesto”, o en “Plegaria a un labrador” por
ser oficialmente contestatarias dentro del repertorio del cantautor. Pienso más
bien en La Luna siempre es muy linda porque se me hace política ella misma, y
por ello trasciende y da cuenta de un gesto potente. Desde la pobreza de su
biografía que enternece, y construye poesía honesta y valiente. Porque, de
alguna forma, se vuelve lección en el tiempo de hoy, y le devuelve importancia
al cantar de adentro, levantando la micro política de las biografías.
Por
eso quiero gritar no creo en nada sino en el amor de los seres humanos
Quién
puede callar el latido de un corazón palpitando
O
el grito de una mujer dando un hijo
¿Quién?
a propósito de la Manada
El poder de la loba reside en sus muertas
Es difícil escribir desde la razón tengo el corazón en la mano, sangrándome estoy bailando de luto y color vino embarrado en el cuerpo La posturita crítica me viene de la rabia y la entraña
llorándome
tengo un miedo y una pena históricamente bien parida
No puedo leer ni escuchar más excusas
más tweets trending topic el hashtag de la campaña contra la violencia patriarcal
no necesito nada de eso no lo entiendo
no me llena el cuerpo vacío de justicia que tarda tarde solamente tarda siempre
y nunca viene a tocarme la puerta de la casa
No puedo ver más allá del sentimiento desasosiego
no me duermo y me desvelo de dolor de guata aprendido y acostumbrado
Estoy bailando de luto mientras se burlan de mí
y me soban el lomo como sintiendo misericordia hipócrita,
oye si esto pasó tan lejos aquí estamos
A salvo.
tengo que compartir el desconsuelo, rostro ajeno pero tan mío
tan de todas nosotras que en ninguna calle que andamos,
en ningún espacio
en el patio de ningún hogar
estamos salvas.
Es difícil escribir desde la razón tengo el corazón en la mano, sangrándome estoy bailando de luto y color vino embarrado en el cuerpo La posturita crítica me viene de la rabia y la entraña
llorándome
tengo un miedo y una pena históricamente bien parida
No puedo leer ni escuchar más excusas
más tweets trending topic el hashtag de la campaña contra la violencia patriarcal
no necesito nada de eso no lo entiendo
no me llena el cuerpo vacío de justicia que tarda tarde solamente tarda siempre
y nunca viene a tocarme la puerta de la casa
No puedo ver más allá del sentimiento desasosiego
no me duermo y me desvelo de dolor de guata aprendido y acostumbrado
Estoy bailando de luto mientras se burlan de mí
y me soban el lomo como sintiendo misericordia hipócrita,
oye si esto pasó tan lejos aquí estamos
A salvo.
tengo que compartir el desconsuelo, rostro ajeno pero tan mío
tan de todas nosotras que en ninguna calle que andamos,
en ningún espacio
en el patio de ningún hogar
estamos salvas.
incendié (o Rezo por vos)
- García y Spinetta.
anda temblando en mí la indómita luz, la idea esta del hogar, de la casa, si acaso hay hogar en la casa y en los incendios pasados de este pedazo de tierra podría reconocer lo que entienden por fraterno, por familiar, por querernos.
Cuando una casa con todos los días y toda la rabia que puede contener
y toda la pena que puede contener
se esparrama, se incendia y sigue sin destruirse.entonces se crea la pequeña revolución:
se caen las paredes
se rasgan las sábanas
se descompone la comida en el refrigerador
se enfrían las tazas / se quiebran ventanas
se rompen las sillas
se quema la cocina
se inunda el lavamanos
todo se empolva todos los rincones
salen arañas y tigres perros
a veces salen dragones
se consumen velas
se destiñen las fotos
se desmayan
Se queman las cortinas
Nos encendemos de amor, leemos revistas y abrazamos la luz
se caen las paredes y se caen las puertas
y uno es la casa,
uno es el hogar
entonces ya se sabe dónde ir porque uno es la casa destruida,
respirando a techo abierto
uno es la casa de galpones oxidados y derruidos
agarrándose de los cables de la luz como asesinada sin soltarse
agarrándose a las latas
a lo que sea / lo que sea que Dios quiera
se crea se engendra entonces, el amor encendido; sagrado, mortecino, lánguido, tenue florecido, colgando de una cruz suspendida del cielo,
de este cielo dentro de la casa que ahora deja caer todo el dolor encima, y que abrazamos sin darnos cuenta.
Incendiarlo entonces todo, prender fuego a nuestra casa en busca de algo. Entre las cenizas, escuché canciones y bailé sola. Fui feliz. Tenía el corazón roto y me puse a llorar, y entonces una pena tan grande floreció dentro de mí. Y me encendí de amor. Seguí bailando, sola. Incendié entonces todo, prendí fuego a la casa y encontré en ella la llama de Dios.
inmaKuliada
INMACULIADA
Virgencita
querida. A ti, a los ángeles que cuelgan de tus pies. Por tu bendecido vientre
del niñito Jesú.
estrellitas-escarchitas-lentejuelas
Mamacita linda. No me dejes caer en la tentación, bajar la mirada al bulto de los hombres putiar a mi Padre ni odiar cosa alguna.
estrellitas-escarchitas-lentejuelas
Mamacita linda. No me dejes caer en la tentación, bajar la mirada al bulto de los hombres putiar a mi Padre ni odiar cosa alguna.
A Ti, de colores, de rezo y de rodillas te pido escuches mis plegarias neo florcita no explorada neo piernas no abiertas neo barroca, mi querida madre neoliberalista aquí me tienes: cubierta en frazadas de Ti, en cuadros de Ti, en sábanas sangrando de Ti y tomándome el té en una taza trizada de Ti a ver si logras borrarme el pecado, mi conciencia la razón el sentido.
Trans-fórmame, que la piel morena ya la llevo encima, ciérrame las piernas y constrúyeme de nuevo a base de siete Ave Marías y unos ocho Padres Míos. Comprando por Vos las flores; y la ropa, los santos que colgarán del pescuezo, escapularios bajo mi blusa apretadita, cachivaches-artilugios para seguirte la fiesta bien sufrida.
Atenta
Morena, a tu pueblo con los bolsillos choreando verte por –para- Ti. Rezaremos
hasta dejarlos vacíos y te des por pagada agasajada satisfecha rellena obesa
contenta, al fin.
Sor Fetiche, si he de pecar con
paganos nihilismos, simplezas y espiritualidades, que me ahorque entonces tu
manto colorido y casto, sin que tropieces ni te atores en el intento. No me
dejes caer, no me dejes culpar chupar olvidar perdonas penetrar ni culiar.
Te pido que
tus propios compradores –feligreses- no transformen mi ruego en plegaria de
consumo, Madrecita santa. Eso sólo tú, puedes hacerlo Virgen María de
Guadalupe.
¡AVE MARÍA PUTÍSIMA, SIN PECADO
CONCEBIDO!
en el mes de María
(o el ejercicio de rezar el Santo Rosario)
En la casa de la madre de mi madre escuchaba voces mecánicas e indolentes que salían de la radio AM para rezar el Santo Rosario: yo miraba la luz artificial de la noche reflejada en los visillos y ella se echaba crema en las manos antes de acostarse. El primer misterio gozoso: La Encarnación del Hijo de Dios; su vida en la mía, mi vida en su vida, la vida de mi madre en la de su madre y en la mía. Toda mi vida en la de ambas. Mi primer encuentro con la Divina Maternidad de María.
En la casa de la madre de mi madre escuchaba voces mecánicas e indolentes que salían de la radio AM para rezar el Santo Rosario: yo miraba la luz artificial de la noche reflejada en los visillos y ella se echaba crema en las manos antes de acostarse. El primer misterio gozoso: La Encarnación del Hijo de Dios; su vida en la mía, mi vida en su vida, la vida de mi madre en la de su madre y en la mía. Toda mi vida en la de ambas. Mi primer encuentro con la Divina Maternidad de María.
Antes que se proclamase la Divinidad
de María Madre, ella vivía en Puerto Montt, sur de Chile. Pero se vino a
Santiago y cayó de pie en Pudahuel. Levantó una reja para proteger su casa y
pintó blanco los troncos secos de afuera para espantar a los bichos. Se
resistió al barro que se formaba en los bordes de la vereda maltrecha y a los
niños descalzos que jugaban en la casa de al lado. Se resistió a olfatear la
inmundicia. Jalaba el cloro con que limpiaba la taza del baño y sonreía. Se
pasó décadas enteras cosiendo retazos de tela oscura, remojando pan añejo y
evitando sonreír en las fotos. Guardó una expresión de metal hasta el último de
sus días, cuando el cáncer no le dejó otra que caer de rodillas en Maipú para
morirse en una cama ortopédica prestada. El cuarto misterio glorioso: La
Asunción de Nuestra Señora a los Cielos; Jesús en el rostro de María exhalando
el último pedacito de aire.
Ayer, ocho de noviembre terminó el
Mes de María. Pienso en las Marías de mi vida y en cuánto de María hubo y hay
en mí en la vida de ellas. Pienso en el misterio gozoso y doloroso de ser mujer
en la tierra, en la tradición de la fe heredada que he practicado desde mi
Inmaculada Concepción. Pienso en el semen del Padre Celestial, cuyo aroma fue
inhalado por María pasiva y protoalienígena para dar a luz en el mundo, donde
el misterio siempre es doloroso y real. Donde María masca lauchas y aprieta los
dientes; donde pone el hombro. No pone el hombre, pone la hembra y se agarra de
donde puede y como aguante. Desde esa esquina de la mundanidad María se pilló
con Vida Nueva, y esa Vida le trajo amor gozoso, doloroso, glorioso y luminoso.
Con ese amor y rostro de María crecí y fui criada. A veintidós años de mi
existencia, reconozco en Cristo un rostro femenino; voy refundando la fe en mi
vida, en la de mi madre y en la de todas nosotras.
Por mi abuela María Emelina Gajardo
Mancilla. La única que llegué a conocer y que vi morir hace siete años,
abrazando sus pies. Porque después de una vida habiéndola dibujado de memoria
en el catolicismo dogmático e infértil del que reniego, me enteré (o lo
descubrimos más bien, con la Marcela) que fue miembro fundadora de la comunidad
eclesial de base Vida Nueva de Pudahuel, en el año 1987. Porque pienso que, sin
saberlo, su vida entera fue en sí misma piedra fundante de la iglesia que hoy
día abrazo y me da esperanza para construir con amor y convicción. Porque
quiero que mi vida se parezca, de alguna forma, un poquito a la de ella. María
costurera, María Madre, María Viuda, María Fundadora. Quinto misterio glorioso:
La Coronación de María Santísima; tu amor y tu vida en la mía ha valido la
pena.
los años o los tigres de todas las SANGRES.
Los años de la Sangre
I
Acaso creímos en la eternidad de los años
que eran nuestros
salimos a cantar una noche y hacía frío
y los huesos pasaban la cuenta, astillando la memoria
pero fuimos porque eran nuestros amigos
y era eso, no pedían más, no pedíamos más
que cantáramos alzando el puño con fuerza
como celebrando una ficción tan libre, compañero.
Yo llevo décadas respirando a través de esa promesa
a veces, en las fauces se me confunde con la tos
y creo que me voy a morir
pero los tigres de mi sangre no me dejan fallecer
desgarran el pecho desde adentro
me pulen las astillas, me lamen los huesos
y ahí seguimos
cantando, hasta la victoria, compañero.
que eran nuestros
salimos a cantar una noche y hacía frío
y los huesos pasaban la cuenta, astillando la memoria
pero fuimos porque eran nuestros amigos
y era eso, no pedían más, no pedíamos más
que cantáramos alzando el puño con fuerza
como celebrando una ficción tan libre, compañero.
Yo llevo décadas respirando a través de esa promesa
a veces, en las fauces se me confunde con la tos
y creo que me voy a morir
pero los tigres de mi sangre no me dejan fallecer
desgarran el pecho desde adentro
me pulen las astillas, me lamen los huesos
y ahí seguimos
cantando, hasta la victoria, compañero.
¿Cuánto demoran cuarenta años, podrían acabar mañana?
Se viene adelantando al pasado
y lo cierto es que llevamos tanto tiempo a cuestas de la espera
pero no levantamos polvo, ni pateamos piedras, ni mascamos lauchas
nos ponemos a cantar y alzamos el puño
se nos aprieta el pecho
porque los tigres de la sangre nos arrastran todavía al malembe
colorido, carnavalesco, que construyó la muchachada que parimos
ellos aprendieron la letra y la cantan también, pero
ellos no la conocen, y los vemos desde lejos, felices, creyendo alegrías llegadas
en fin.
Felinos que crecen en la oscuridad nos vienen a buscar
esta noche han crecido
desgarran la muerte de nuestro envase
nos llenan, nos viven, nos habitan.
Sabemos claramente que estamos vivos
con tigres gigantes
encerrados entre las venas del corazón.
Se viene adelantando al pasado
y lo cierto es que llevamos tanto tiempo a cuestas de la espera
pero no levantamos polvo, ni pateamos piedras, ni mascamos lauchas
nos ponemos a cantar y alzamos el puño
se nos aprieta el pecho
porque los tigres de la sangre nos arrastran todavía al malembe
colorido, carnavalesco, que construyó la muchachada que parimos
ellos aprendieron la letra y la cantan también, pero
ellos no la conocen, y los vemos desde lejos, felices, creyendo alegrías llegadas
en fin.
Felinos que crecen en la oscuridad nos vienen a buscar
esta noche han crecido
desgarran la muerte de nuestro envase
nos llenan, nos viven, nos habitan.
Sabemos claramente que estamos vivos
con tigres gigantes
encerrados entre las venas del corazón.
II
De una violencia obvia, inmersa e inherente
enamoraba a los abuelos y marinos del Mapocho
se bañaban brazo por brazo
mano a mano
a orillas de los cuerpos de la deriva:
eran sirenas pegadas al cemento húmedo
que se ponían al sol y secaban las penurias
la cara se les llenaba de escamas
y se sentían tan hermosas
que el mundo entero espiaba a través de los barrotes
para admirarlas
parieron diez mil misterios desamparados
imaginaban enormes leonas custodiando
la entrada a sus ovarios
rugían, aclamaban, dolían calentonas
y la mugre se adhería a sus piernas
y las cerraba, las sellaba
se volvían aletas infértiles
sin vida sin gritos sin consignas
poco a poco el humo lacrimógeno habría
de ahogarlas y esparcida pintura negra
con escarcha por todo el rostro
naufragio anfibio de los dolores:
el humo no las dejaría ver
ni gritar ni enamorar.
Iban a dejar de parir, hijo mío
por el bien del mundo, y el
futuro de sus bastardos.
Ahogarse, y llegar hasta el fondo
con una fotografía en blanco y negro
clavada al pecho.
enamoraba a los abuelos y marinos del Mapocho
se bañaban brazo por brazo
mano a mano
a orillas de los cuerpos de la deriva:
eran sirenas pegadas al cemento húmedo
que se ponían al sol y secaban las penurias
la cara se les llenaba de escamas
y se sentían tan hermosas
que el mundo entero espiaba a través de los barrotes
para admirarlas
parieron diez mil misterios desamparados
imaginaban enormes leonas custodiando
la entrada a sus ovarios
rugían, aclamaban, dolían calentonas
y la mugre se adhería a sus piernas
y las cerraba, las sellaba
se volvían aletas infértiles
sin vida sin gritos sin consignas
poco a poco el humo lacrimógeno habría
de ahogarlas y esparcida pintura negra
con escarcha por todo el rostro
naufragio anfibio de los dolores:
el humo no las dejaría ver
ni gritar ni enamorar.
Iban a dejar de parir, hijo mío
por el bien del mundo, y el
futuro de sus bastardos.
Ahogarse, y llegar hasta el fondo
con una fotografía en blanco y negro
clavada al pecho.
III
Quedaron mis mantas celestes, pulcras ensuciadas
por abajo y encima de los adoquines
pulcras y ensuciadas
por la ciudad se atraviesa y la cubre el río
que la destroza
no la limpia
y la ahoga
por abajo y encima del puente mis mantas
arrastran los pasos de la gente
que yo, recuerdo, quedó mutilada y doliendo.
Me pregunto
¿cuánto demoran cuarenta años?
lloro por encima del río
y balanceo mi cuerpo sobre la baranda
pretendo caer encima a lo mojado a lo llovido a lo llorado
no he sido bautizada
porque nací sin Madre
lloro y el río crece lentamente conmigo
a un ritmo de pena, como recordando
como acunando a mis diecisiete millones
de hijos
que dormitan ahogados, llenos de
agujeros por donde se les sale
el agua, y aprovechan el sacramento.
por abajo y encima de los adoquines
pulcras y ensuciadas
por la ciudad se atraviesa y la cubre el río
que la destroza
no la limpia
y la ahoga
por abajo y encima del puente mis mantas
arrastran los pasos de la gente
que yo, recuerdo, quedó mutilada y doliendo.
Me pregunto
¿cuánto demoran cuarenta años?
lloro por encima del río
y balanceo mi cuerpo sobre la baranda
pretendo caer encima a lo mojado a lo llovido a lo llorado
no he sido bautizada
porque nací sin Madre
lloro y el río crece lentamente conmigo
a un ritmo de pena, como recordando
como acunando a mis diecisiete millones
de hijos
que dormitan ahogados, llenos de
agujeros por donde se les sale
el agua, y aprovechan el sacramento.
Lavo mis mantas a la orilla de Santiago
y humean, se queman, se ahogan también
Me pregunto llorando
¿cuánto demoran cuarenta años?
le pregunto a mis hijitos y ellos
afirman sus paraguas boca abajo,
navegan sobre otros cuerpos
que también fueron mis hijos y
después de cuarenta años, desbordan la ciudad
a mí se me cansó la pena, me pesa el país ya no insisto
las lágrimas pintan el yeso resquebrajado
de mi silueta, formas fálicas y otro par de
senos por encima de las ropas
en mi pecho proclamo y me niego
al perdón y olvido por la muerte de mis hijos
y los ahogados vivos que no insisten
porque ya no insisten lloro por ello
ni resisten, ni construyen
ellos solamente aguantan.
y humean, se queman, se ahogan también
Me pregunto llorando
¿cuánto demoran cuarenta años?
le pregunto a mis hijitos y ellos
afirman sus paraguas boca abajo,
navegan sobre otros cuerpos
que también fueron mis hijos y
después de cuarenta años, desbordan la ciudad
a mí se me cansó la pena, me pesa el país ya no insisto
las lágrimas pintan el yeso resquebrajado
de mi silueta, formas fálicas y otro par de
senos por encima de las ropas
en mi pecho proclamo y me niego
al perdón y olvido por la muerte de mis hijos
y los ahogados vivos que no insisten
porque ya no insisten lloro por ello
ni resisten, ni construyen
ellos solamente aguantan.
Ahí vienen a buscarnos, hijo
Ahí vienen a buscarnos, madre
Ahí vienen a buscarnos, abuelo
no te ahogues todavía
no te olvides todavía
Ahí vienen a buscarnos, madre
Ahí vienen a buscarnos, abuelo
no te ahogues todavía
no te olvides todavía
----------------
2013.
mÁrtir
(carta a Dios)
Se me hace que tal vez, quizás, a lo mejor
puede ser que el miedo a la hoja blanca con la rayita intermitente
y las luces artificiales e intermitentes
tenga que ver de manera proporcionalmente directa
con la idea de amar el ejercicio de querer
Se me hace que tal vez, quizás, a lo mejor
puede ser que el miedo a la hoja blanca con la rayita intermitente
y las luces artificiales e intermitentes
tenga que ver de manera proporcionalmente directa
con la idea de amar el ejercicio de querer
De tener de despojarme de todo de venderlo todo
y repartir lo poco que obtenga entre los últimos
y las últimas
y repartir lo poco que obtenga entre los últimos
y las últimas
De morirme a mí, a mi Madre y mi Santísimo Padre
dejarme el camino libre y caminarlo descalza
para amar tal vez quizás tengo que romperme
tengo que quebrarme entera destruirme el cuerpo
este frasco infértil que más que semillita de vida
parece granito de arena
cuerpo que se me ahoga con el vaivén del agua de la llave
dejarme el camino libre y caminarlo descalza
para amar tal vez quizás tengo que romperme
tengo que quebrarme entera destruirme el cuerpo
este frasco infértil que más que semillita de vida
parece granito de arena
cuerpo que se me ahoga con el vaivén del agua de la llave
Cuerpo que me duele porque no le hago cariño
porque creo que cuidarlo es dejarlo quieto ignorarlo despreciarlo pasivamente
dejarlo descansar sobre una silla de mimbre o un sillón de algodón sintético
todo el día y toda la tarde
y todas las noches
Apolillándose
porque creo que cuidarlo es dejarlo quieto ignorarlo despreciarlo pasivamente
dejarlo descansar sobre una silla de mimbre o un sillón de algodón sintético
todo el día y toda la tarde
y todas las noches
Apolillándose
Este cuerpo frasco infértil que más que amar parece
conformarse con tener un cariño lastimero por aquello que le rodea
parece aguantar y agachar
parece resistir en vez de insistir
parece aguantar y agachar
parece resistir en vez de insistir
Yo necesito, amor, que me digas que no todo fue
naufragar
Que no se me ha ido la vida en nada más que pena subversiva
Y que he intentado con afán reivindicar la rabia y
la tristeza como un acto político
y esa pequeña complaciente y pretenciosa revolución me ha deshidratado el cuerpo entero
y esa pequeña complaciente y pretenciosa revolución me ha deshidratado el cuerpo entero
Yo necesito, amor, que me digas que no todo ha sido
naufragar
por haber creído que amar era el verbo más inútil
por haber creído que amar era el verbo más inútil
Yo quiero que se me vaya la vida en ello.
y en la hora de mi muerte
En
la hora de mi muerte
(a mi padrino campesino y mi abuela costurera).
Tengo un par de muertos, de cadáveres con vida que
ofrendar en el corazón
unas cuantas calaveritas florecidas de los años
pasados
ellos y ellas siguen construyendo futuro no ilusorio
en mi vida
en la muerte de mi camino andado y por andar
en el envase de mi cuerpo que chorrea el milagro de
la sangre todos los días
y todas las tardes
y todas las tardes
hasta que el sol se agacha y se encienden las luces
naturales
Yo prendo entonces mis luces artificiales
intermitentes en la cocina y en el patio de mi casa
Les espero con el pecho abierto
Con el corazón en la mano
y una velita aromática prendida:
José Padre, Padrino, José Campesino de Diente de Oro
José Remigio Cofré González
Asesinado por la carretera, por el trago o la falta
de sueño camino a su casa
Dejó de levantar sacos de maíz en sus hombros y de
escuchar Los Tigres del Norte
El cuerpo le fue atravesado por los fierros del
camión y alcanzó a ver a su hijo antes de irse al patio de los mudos; lo miró
como con dolor y vergüenza
como pidiendo perdón
José Carpintero
Bajé yo misma esa noche ante los gemidos de mi Madre
al teléfono
Padre llorando en el patio; yo me puse a hacer el
bolso, adolescente, con llanto no asumido en la mitad de la garganta
Hicimos luto, en silencio, atrapados en el taco
inacabable que provocó el accidente, a la entrada del camino, kilómetro 64 de
la carretera de la fruta en la sexta región
No me aburrí de mirar su rostro ajeno
Irreconocible por el estuco y el polvo compacto que
le blanqueó la piel coagulada
mientras el Canto a lo Divino infatigable toda la
noche
Dejó a una María Viuda Costurera en el desamparo, no
alcanzó a ver a la primera nieta
No alcanzó, menos mal, a verme llena de esta rabia
parida contra el Padre, su Compadre, queriendo arrancarme el apellido patrio
que me tocó.
Años más tarde María Madre, Abuela, María Viuda
Costurera
María Emelina Mancilla Gatica
Asesinada por el cáncer de pulmón, venida desde
Pudahuel a Maipú por culpa de la enfermedad
dejó de subir escaleras y de reírse con frecuencia
Se le salió el pelo, pero se aguantó la lágrima
frente al espejo de la peluquera
no así Madre, que tuvo que salir de la habitación pa
largar el llanto
Subió mi madrina a mi pieza esa tarde: “Panchita, la
Leli se está yendo”
bajé y rodeamos la cama ortopédica instalada en el
comedor como si ella una Virgen de yeso
inmóvil, respirando quejumbrosa, cada vez más
pausado
Al último suspiro me miró y le tomé ambos pies, como
si ella una Virgen Santa
Pusimos un espejo frente a su boca para comprobarla
muerta
No alcanzó a ver el metro estación Pudahuel a metros
del block donde vivió,
No alcanzó, menos mal, a verme llena de esta pena
parida heredada de su propia cadena matria.
Por un par de años yo perdí el olfato entrañable de
su aroma y la quise con miedo y rechazo
María olió a enferma y a piel amarilla el último
tiempo, y yo me desesperé llorando, dejé de quererla por oler de esa forma, por
robarme los buenos momentos y el recuerdo amoroso por asociación al aroma de la
colonia Jovan Musk Women
Los años finales fueron cáncer y baldosas
resquebrajadas en el pasillo del San Juan de Dios
el tiempo que siguió a su muerte los hospitales
desaparecieron y el cáncer se quedó conmigo, se quedó el olor de muerta, vieja
enferma desahuciada y por mucho no pude soportarlo
me tapé los orificios de la nariz y me abrí las
costillas, por allí fui respirando renacuaja, evitando todo contacto con la
idealización de la difunta
María me enseñó a rezar y aguantarme
José a reírme con ganas y a quitarme la vergüenza social
Por ambos lloré hasta que no me quedaron ganas; me
las he llorado todas.
por mis muertos y por otros muertos,
me quedé muda y ciega a la diestra de muertos que no
me importaron y lloré por otros que ni siquiera conocí ni he visto jamás.
lloré como si no conociera otro sentimiento; como si
de ello dependiera la vida, me afirmé del llanto para saberme menos muerta y
seguir aguantando.
Lloré hasta que me cabrié porque tenía que guardar
lágrimas para más rato
para otros muertos y otras calaveras que quiero y se
van a ir de mi lado contra todo pronóstico
Entonces
Por mientras, me quedo sentada con la velita del
espíritu santo encendida
avecinándose una Tormenta, una Hecatombe sangrienta
desoladora, pero infinitamente pasiva
Aquí les espero, llorando de alegría.
Flor-Vil
(en homenaje a Joane Florvil, joven haitiana muerta-ASESINADA en chile)
Si es verdad que el lenguaje es un puente un
constructor de realidad
El lenguaje pudo ser el constructor del nuevo camino
pero Chile es como el puente de Cau Cau en Valdivia
de concreto podrido y traidor
un puente que no se cierra que colisiona entre dos
realidades cruentas
el lenguaje fue constructor, pero de vidas
maltrechas y desdibujadas
y construyó puentes, pero tartamudeantes y de
balbuceo
que se autodestruyeron cuando intenté cruzarlos
Pasé de un lado a otro, pero gateando, humillándome
con sangre en los codos y en las rodillas
Fue como saber hablar, pero siempre a medias,
mordiéndome la lengua
por el contrario, no tuve ni lengua
Ni labios
Con suerte tuve dientes
para mascar lauchas, como aquí dicen
con suerte saliva para tragármela y darme de beber
con suerte tuve unos centímetros de garganta
Para tragarme toda mi rabia y mi dignidad
cuando abrí la boca no pude escupir mi fuego
acaso solo humo
Por desgracia tuve piernas y pasos determinantes que
cruzaron este puente del lenguaje mezquino
Por desgracia tuve vientre con el fruto podrido
maldito entre todos los hombres
maldito entre todos los hombres
Y por desgracia cabeza, ahora machucada una y tres
mil veces
Y me morí sin quererlo sin pensarlo me morí de
silencio
y de humo me morí.
Autorretrato
Un día me comí mis ojos, y la boca y la nariz,
y también me comí las cienes
para que este dolor de cabeza dejara de atacarme
cada noche y cada tarde
este dolor puntiagudo que se ha presentado sin falta a la puerta de mi casa desde que estoy vieja
este dolor ingrato que se me pega a los huesos astillados
y me hace aferrarme con uñas y dientes a lo poco que me queda de juventud
pero las uñas y los dientes también he tenido que comérmelos
porque están arrugados y azulados
pero no azulados por el frío sino por los años que llevo sobremuriendo entre las casas y las carreteras y los departamentos de los amigos y las facultades y las oficinas
Un día me comí mis ojos, y la boca
también me tragué la nariz y las cienes
pero tuve que hacerlo porque tuve que sacarme la piel para saber que aún me quedaba sangre,
y los tigres de mi sangre y los perros de mi sangre me sostuvieron la cabeza y la extirparon del envase vacío que es mi cuerpo.
Tuvieron que hacerlo para hacerme saber que sigo aquí
y que ya no construyo, ni recuerdo, ni insisto
que ahora solamente aguanto.
y también me comí las cienes
para que este dolor de cabeza dejara de atacarme
cada noche y cada tarde
este dolor puntiagudo que se ha presentado sin falta a la puerta de mi casa desde que estoy vieja
este dolor ingrato que se me pega a los huesos astillados
y me hace aferrarme con uñas y dientes a lo poco que me queda de juventud
pero las uñas y los dientes también he tenido que comérmelos
porque están arrugados y azulados
pero no azulados por el frío sino por los años que llevo sobremuriendo entre las casas y las carreteras y los departamentos de los amigos y las facultades y las oficinas
Un día me comí mis ojos, y la boca
también me tragué la nariz y las cienes
pero tuve que hacerlo porque tuve que sacarme la piel para saber que aún me quedaba sangre,
y los tigres de mi sangre y los perros de mi sangre me sostuvieron la cabeza y la extirparon del envase vacío que es mi cuerpo.
Tuvieron que hacerlo para hacerme saber que sigo aquí
y que ya no construyo, ni recuerdo, ni insisto
que ahora solamente aguanto.
mayo 18, 2018
amiga
te juro que aún te echo de menos y te necesito
casi he doblado la edad de mi infancia y tengo la misma pena de entonces, me han vuelto a doler las mismas situaciones pero con otros nombres y otras formas de pensar más sofisticadas, me duelen las mismas situaciones porque yo no he podido cambiar ni crecer demasiado, mi casa sigue pareciéndome a tantos kilómetros de aquí, repaso, a veces, las mismas calles de entonces, porque las cosas no se superan y una no avanza ni se reinventa, una nace con la capacidad de acumulación por defecto; por tanto, más vieja, más nostálgica. y una sí, cambia, cambia de amigos de amigas encuentra nuevos amores y escucha nuevas cosas, sí, me conmueven y me he comprometido con otros caminos realmente significativos, escucho, tal vez, las mismas canciones, pero entiendo en ellas nuevos sentidos con los que habitualmente me consuelo. y me despojé de las etiquetas de adolescencia, de las clasificaciones para las personas, pero no puedo aún deshacerme de la amistad tuya, en realidad nunca lo intenté, nunca quise porque la necesito hoy día y la voy a necesitar cada vez que me acuerde y repase y frecuenta pasajes y fechas y logre pasar las etapas de la vida aunque no quiera y crezca y ya no sean niña ni adolescente ni me encuentre en el limbo entre la poca juventud de hoy
Como las viejas del campo, soy quien guarda los tiempos de duelo más largos del mundo.
Van siete años. Suma y sigue.
Llorar y autocomplacerse de la pena propia.
Llorar y abrazar la tristeza por costumbre, por memoria.
Llorar y acariciar el recuerdo de los muertos imaginarios.
Posiblemente estás muerta hace tiempo.
Y y o n o m e h e e n t e r a d o.
casi he doblado la edad de mi infancia y tengo la misma pena de entonces, me han vuelto a doler las mismas situaciones pero con otros nombres y otras formas de pensar más sofisticadas, me duelen las mismas situaciones porque yo no he podido cambiar ni crecer demasiado, mi casa sigue pareciéndome a tantos kilómetros de aquí, repaso, a veces, las mismas calles de entonces, porque las cosas no se superan y una no avanza ni se reinventa, una nace con la capacidad de acumulación por defecto; por tanto, más vieja, más nostálgica. y una sí, cambia, cambia de amigos de amigas encuentra nuevos amores y escucha nuevas cosas, sí, me conmueven y me he comprometido con otros caminos realmente significativos, escucho, tal vez, las mismas canciones, pero entiendo en ellas nuevos sentidos con los que habitualmente me consuelo. y me despojé de las etiquetas de adolescencia, de las clasificaciones para las personas, pero no puedo aún deshacerme de la amistad tuya, en realidad nunca lo intenté, nunca quise porque la necesito hoy día y la voy a necesitar cada vez que me acuerde y repase y frecuenta pasajes y fechas y logre pasar las etapas de la vida aunque no quiera y crezca y ya no sean niña ni adolescente ni me encuentre en el limbo entre la poca juventud de hoy
Como las viejas del campo, soy quien guarda los tiempos de duelo más largos del mundo.
Van siete años. Suma y sigue.
Llorar y autocomplacerse de la pena propia.
Llorar y abrazar la tristeza por costumbre, por memoria.
Llorar y acariciar el recuerdo de los muertos imaginarios.
Posiblemente estás muerta hace tiempo.
Y y o n o m e h e e n t e r a d o.
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