septiembre 11, 2014

agua Roja.

Cuando Pedro Lemebel habló sobre el cielo trazado en rojo que dejara para los niños de alitas rotas que quieran volar, decía bien. Hoy día me han hecho llorar al poeta que rasguña las costillas de cada uno allí sentado, ese que se ha atrevido a sincerar un ramillete de flores delante de sus lápices opacos y llenos de guiones medios. Hay uno tan cruel, que jamás ha de sincerarse ni a los cuarenta ni a los cincuenta ni a los sesenta, en cambio se ha guardado el poema: lo ha narrado, pero se le sale la mariquería cuando lo lee, de todas formas.

Hace un par de años vengo tropezándome en la calle con hartas alitas rotas y no me ha costado nada quererlos, ni abrazarlos. Yo los admiro y todo eso, pero a mí en cambio, me han salido branquias a medio remendar a cada costado del cuerpo; a partir de ellas vengo respirando y ahogándome en un río que no conocí de rojo. Nací cuando ya lo habían llenado de mierda y así se quedó, y yo no alegué, ahí me he quedado. Mirando boca arriba cómo se andan volando cojas todas esas bombas jóvenes que, en este país, siempre parecieran estar a punto de estallar.

Desde que soy feliz no me ha sobrado ni un día de lluvia, ni uno solo.
Desde el día del gran incendio el olor a humo no ha cesado, no nos deja solos; se ha impregnado a los fierros de la micro, a mi ropa recién planchada y sobre todo, cada vez que regreso a lo que llamo mi casa: antes de entrar siempre me fijo en la bandera de Chile, como si siempre septiembre, y el rojo del sur parece derramarse por el mástil y hacerse charco en la tierra, llenándolo todo de humo otra vez. Y ese humo no me abraza, ni me contiene, ni me aguanta pero sí invade, invade tanto.


Hoy día vi a muchas personas llorar, y yo les seguí el llanto.

septiembre 06, 2014

diario de vida

Busqué afanosamente a un escritor porque creí, cuando pendeja, que ahí había una razón, que era un punto de partida o más bien una meta para cuando dejara de ser pendeja y alguna cosa tuviera sentido. De verdad me lo creí como loca. No, me lo creí como cuerda.
Y llegó el día. Fue el martes: se puso a llover y encontré el maldito libro a mitad de precio.

Resulta que no entiendo nada de lo que escribe, que no me gusta, que no lo comparto, o puede ser que en realidad ya se me olvidó o no recuerde qué chucha era lo que me gustaba, o compartía, o quería imitar.

Cuando comencé exteriorizando lo interior iba viento en popa. Después oficialicé. Internalizar lo exterior. Y se pasó del diario al blog y del blog al fanzine y del fazine a una libretita y de la libretita a una hoja de papel impresa que leí encandilada bajo violentas luces blancas, con un par de poetas al lado que "politizaban el círculo" y mordisqueaban sus poemas una vez leídos. Todos aplaudían.

Ayer se murió Cerati. Hoy día cumple años Parra.
Han criticado, han celebrado
Han sufrido, han preferido a Charly García.

Creo que ahora, he buscado afanosamente el significado de tantas cosas, y puedo reconocer que no hallo diferencias entre cuerpo y carne, entre la antipoesía y la poesía, la rigurosidad conceptual la logomaquia, no sé, y no porque así lo manifieste, cualquiera podrá bien creer en la chuchá que quiera, pero toda la mierda que he intentado creerme, teorizar, elevar, conceptualizar, distinguir, oficializar y aguardar pacientemente en ese autor imaginario (no estoy haciendo referencia alguna al poema de Nicanor) que algún día, cuando era pendeja, me dijeron que leyera porque yo escribía muy parecido, adormeciendo el temor de no asumir todavía responsabilidades, todo eso, no existe, nunca fue. Era la wea.

"Escribir para que la niña vuelva a casa"
Y ahí se queda, siempre ahí se queda.




septiembre 03, 2014

LONG ROAD HOME

escribir para que la niña vuelva a casa
escribir para que la niña escape de casa
escribir porque no hay de otra
para que no rime
para que descuadre
porque empelotarse
porque calienta
para quedarse en casa
para tranquilizarse
porque no puedo no quiero
porque lloro
porque resulta espeluznante escribir
quédate en casa mamá
ándate de esta casa papá
para que se vayan todos
para quedarse sola
para quedarse con una
escribir porque no hay de otra
escribir porque aguanto
escribir para no publicar jamás
escribir para que no me leas nunca
para que me sepa sobrevivir siempre
escribir para que la niña encuentre el camino a casa
el largo camino a casa
por la carretera
como una piedra rodante
como una Malú
como una virgen de luto
como un gato culiado en el tejado
como un amazona
como un espejo quebrado
como un vidrio empañado
escribir para llorar
aún más
y nadar escribiendo
y rodar escribiendo en la carretera
encontrando el camino
encontrando a la niña
para tomarla de la mano
para cogerla del cabello
e irnos a casa