A ti quién te inventó las palabras de hoy, quién te quitó la inocencia de los gestos y esa locura destellante. Aquí hubo un crimen que pocos advirtieron y nadie denunció; tu grito no me avisó, mas sobró tanta sangre que manchara mi camisa... sí, tal vez algo que nos remeciera como una paliza. Pues habría que golpearnos, y entonces vomitarnos los secretos y gritarnos los insultos, rasgarnos los rencores con las uñas. Poder dejar de lamentarte y seguir los funerales de la imagen que se destiñó con la lluvia de éste invierno, puto invierno ¡tú! puto invierno que me separaste del otoño y ahora tengo que arreglármelas para no resbalar con el barro... yo sé que te me harás eterno, entonces con cuidado llevaré los pasos y no dejaré un segundo de fijarme por dónde voy,
porque entre tanto barro podría volver a caer.
Espérame Cielito, ¡ya no estés triste!
Mi tecito con limón y yo te acompañaremos desde ahora.