noviembre 13, 2012

EMPRENDE CHILE

Tengo a una vieja de esas que visten emprendimiento y trabajo honrado rozando cercanías al ladito mío, con los rollos dignamente bien puestos, me quita el espacio en el asiento, sabiendo parece- que no tengo derecho a comodidad por subirme a la verde ignorando el validador, haciéndome la loca con el chofer y sintiendo rebeldía en los bolsillos por mi bip! con dos lucas que no quiero entregar al sistema. 
Es una vieja negra y chica, típica de pelo seboso y bracitos gordetes; me regala una sonrisa y se queja de cansada, yo le devuelvo el gesto y en el intento discordante de afirmar las bolsas matuteras, me marea su hedor sincero, tan sincero de esfuerzo y su peguita frente al Sol, yo abro entonces la ventana que el de atrás cerró hace medio minuto y su esfuerzo, Juana/Isabel/Mercedes/Yolanda, se mezcla ahora con Alameda a oscuras y un rojo fosforescente que no parpadea. No vaya a creer Yolanda, que me molesta su olor honesto de esfuerzo saliendo del zobaco, sus kilos envolviendo mi flaqueza de niñita con frío. No vaya a creer que no la admiro, Mercedes, que mi sonrisa poco usada se la regalé con verdad, y no miento en mi conmoción al sentirla al lado mío, tan cerca de tierra y sangre. Verdadera, la Isabelita. 
Se baja, Juana: pide ayuda con sus bolsas y ahora huelo indiferencia y un terno de oficina. 
Mañana olvido su rostro y su vida los veinte minutos se olvidan, por mientras la echo de menos desde aquí hasta mi paradero, la estimo y agradezco ser la única Yolanda que me hizo en el día sacar lápiz y mano y sonrisa verdad. Que recibí una sudorosa, hedionda de esfuerzo, soltando cigarro y charquicán, que se entregó a mí en un segundo y le deseo del alma que el Sol no le pegue muy fuerte mañana, que la pega esté buena, que la quieran mucho y enhorabuena se salvó de este viejo sin brillo sin esfuerzo pasado de terno y oficina, sin olores y vuelvo, sin esfuerzo, que ya emprendió hace tiempo.