septiembre 06, 2014

diario de vida

Busqué afanosamente a un escritor porque creí, cuando pendeja, que ahí había una razón, que era un punto de partida o más bien una meta para cuando dejara de ser pendeja y alguna cosa tuviera sentido. De verdad me lo creí como loca. No, me lo creí como cuerda.
Y llegó el día. Fue el martes: se puso a llover y encontré el maldito libro a mitad de precio.

Resulta que no entiendo nada de lo que escribe, que no me gusta, que no lo comparto, o puede ser que en realidad ya se me olvidó o no recuerde qué chucha era lo que me gustaba, o compartía, o quería imitar.

Cuando comencé exteriorizando lo interior iba viento en popa. Después oficialicé. Internalizar lo exterior. Y se pasó del diario al blog y del blog al fanzine y del fazine a una libretita y de la libretita a una hoja de papel impresa que leí encandilada bajo violentas luces blancas, con un par de poetas al lado que "politizaban el círculo" y mordisqueaban sus poemas una vez leídos. Todos aplaudían.

Ayer se murió Cerati. Hoy día cumple años Parra.
Han criticado, han celebrado
Han sufrido, han preferido a Charly García.

Creo que ahora, he buscado afanosamente el significado de tantas cosas, y puedo reconocer que no hallo diferencias entre cuerpo y carne, entre la antipoesía y la poesía, la rigurosidad conceptual la logomaquia, no sé, y no porque así lo manifieste, cualquiera podrá bien creer en la chuchá que quiera, pero toda la mierda que he intentado creerme, teorizar, elevar, conceptualizar, distinguir, oficializar y aguardar pacientemente en ese autor imaginario (no estoy haciendo referencia alguna al poema de Nicanor) que algún día, cuando era pendeja, me dijeron que leyera porque yo escribía muy parecido, adormeciendo el temor de no asumir todavía responsabilidades, todo eso, no existe, nunca fue. Era la wea.

"Escribir para que la niña vuelva a casa"
Y ahí se queda, siempre ahí se queda.