mayo 18, 2018

amiga

te juro que aún te echo de menos y te necesito
casi he doblado la edad de mi infancia y tengo la misma pena de entonces, me han vuelto a doler las mismas situaciones pero con otros nombres y otras formas de pensar más sofisticadas, me duelen las mismas situaciones porque yo no he podido cambiar ni crecer demasiado, mi casa sigue pareciéndome a tantos kilómetros de aquí, repaso, a veces, las mismas calles de entonces, porque las cosas no se superan y una no avanza ni se reinventa, una nace con la capacidad de acumulación por defecto; por tanto, más vieja, más nostálgica. y una sí, cambia, cambia de amigos de amigas encuentra nuevos amores y escucha nuevas cosas, sí, me conmueven y me he comprometido con otros caminos realmente significativos, escucho, tal vez, las mismas canciones, pero entiendo en ellas nuevos sentidos con los que habitualmente me consuelo. y me despojé de las etiquetas de adolescencia, de las clasificaciones para las personas, pero no puedo aún deshacerme de la amistad tuya, en realidad nunca lo intenté, nunca quise porque la necesito hoy día y la voy a necesitar cada vez que me acuerde y repase y frecuenta pasajes y fechas y logre pasar las etapas de la vida aunque no quiera y crezca y ya no sean niña ni adolescente ni me encuentre en el limbo entre la poca juventud de hoy

Como las viejas del campo, soy quien guarda los tiempos de duelo más largos del mundo.
Van siete años. Suma y sigue.
Llorar y autocomplacerse de la pena propia.
Llorar y abrazar la tristeza por costumbre, por memoria.

Llorar y acariciar el recuerdo de los muertos imaginarios.

Posiblemente estás muerta hace tiempo.
Y y o   n o   m e     h  e   e n t  e r a  d  o.