Me siento al lado de la ventana en el Transtgo... y la mirada se me inquieta.
Camino por el Centro de Santiago... y sin percatarme voy con el ceño fruncido.
Mira lo que es la insignificancia de los defectos que nunca notamos, eh.
Si no fuera porque no quise pensar en nada más y como siempre no lo logré, en los planes estaba contemplado enfocarme en una de las obras más destacadas de García parén ♥ tesis Márquez entre los pasos apresurados de mi gente capitalina. Pude haber chocado cuántas veces, pero no. Me acostumbré a prestarle una atención poco común a todo lo que me rodea (Sigo siendo una despistada digna de premios, gracias).
Objetivo logrado, llegué a la última página con ganas de un mejor descenlace.
Transantiago en marcha y la inquietud de mis ojos vuelve a lo suyo.
No sé por qué tanto así.
¿Y por qué frunso en ceño?
Cada día me hago preguntas más simples y difíciles de responder a la vez.
Pero eso me mantiene ocupada pensando en algo.
Al menos algo está claro: No voy a ir sonriendo como idiota mientras camino por el Centro de Santiago.
¿Excepciones? Claro, siempre las hay. . .
Regálame una lluvia y te daré mi mejor intento de sútil felicidad.