febrero 24, 2011

una viuda que ♥ va de blanco

¡Porque Viña tiene festival!
cha na naaán, cha na naaán ♪

{Noches de luces, fuegos artificiales, ¡OTRA, OTRA, OTRA! la magia del espectáculo y toda esa parafernalia del Festival de la Canción de Viña del Mar, que al otro día se transforma en circo de caza pantallas y a uno le causa gracia pasar de un canal a otro, riéndose de buena gana. Y hoy día abría la noche Marco Antonio Solis, ése Jesús sudamericano que vuelve loca a todas las mamases de los alrededores, incluyendo la mía. Después viene un humorista que tiene hartos personajes graciosos, y al final Calle 13, con esas canciones tan llenas de sabor, rimas y versos que me alegran la existencia los minutos que lo estoy escuchando ♥ es bien especial, y es entre Calle 13 y yo así que ustedes, los que no están leyendo, no se metan.}

Dónde estará mi Primavera, dónde se me ha escondido el Sol que mi jardín olvidó, que el alma me marchitó ♫ ¡Mira, mamá! la canción de la Primavera... mi madrina debe estar escuchándola. Entonces fue mi mamá hacia el teléfono y con un hola comarrre yo supongo que le alegró la noche, porque nada más somos su comadre y su ahijada las que sabemos que cuando escucha la canción de la Primavera no podrá evitar llorar, porque se acuerda del Cochelo, del José Cofré, de mi Padrino, de su esposo. Y mi padrino era tan bueno pa' la talla, y me hacía tanto reír, y a veces me retaba y yo me ponía a llorar y corría donde mi madrina, y otras veces nos sentábamos en la vereda comiendo un helado de $1OO -que costaba en esos entonces- y no decíamos nada, y después él me preguntaba algo sin importancia acerca de algo que no importaba y yo le contestaba con una o dos palabras, y seguíamos comiendo nuestros helados. Otras veces yo iba al lado de él en el furgón, mirando la infinita carretera que me enseñaba una y otra vez los rectángulos blancos que íbamos dejando atrás en el camino, mientras escuchábamos rancheras, y él no decía nada, y yo tampoco. Y nunca fue incómodo. Por eso no entendía que me hubiera hablado tanto rato ésa última noche, en la que volvería a Santiago al día siguiente, cuando me dijo que me quería mucho y con mucho ingenio e indirectamente, me consefó que yo era su favorita. Y yo siempre lo quise tanto, tanto, pero tanto y sin saberlo. Sólo lo supe cuando volví veranos más tarde y la cabecera de la mesa del patio, dónde solemos comer y comer pasteles de choclo, empanadas y humitas, estaba ocupada por el Pato, que es su hijo mayor. Y también lo supe cuando llegué con mis pantalones rotos y nadie me dijo "Mire como anda ésta niñita, Compadre, por qué no le compra unos pantalones nuevos?" y yo no me reí, porque nadie lo dijo. Y lo supe con tantas cosas, con tantas cosas que ya no son, lo supe con los chistes del Pato y el Cuni, que son una imitación barata de lo que él fue. Y lo siento, lo siento tanto.
Y siento tanto que mi madrina llore cuando escucha la canción de la Primavera, porque casi puedo contarle las lágrimas una a una, y la nostalgia pasiva, lenta y eterna que lleva en su corazón.
La María es una mujer de campo, con tradiciones anticuadas y de campo, yo me acuerdo de sus faldas, blusas y pañuelos negros de cada día. Vistió de negro. Estaba de luto, más yo nunca recuerdo haberla visto tan buena y blanca, y cada vez que veo destellar su sonrisa perfecta, yo sé que escondida ahí va una lágrima para el José. Yo sé que ella lo ama... y ella siempre supo que yo a él lo quería como a nadie, lo sabía, hasta cuando ni yo lo sospechaba. Aún lo sabe... y yo quiero a la María, y al José también.

pd. Hubiese sido mágico que nombraran a su primogénito Jesús, pero se llama Patricio.