. Tres palabras sencillas que rimaron.
. Y una expresión de desahogo que no tenía sentido.
No puedo dejar de pensar que mientras los dedos iban al ritmo de sus pensamientos, las teclas se humedecieron. No puedo dejar de leerlo y releerlo una vez más, sin tener que refregarme los ojos con la mano para desempañarme la mirada.
Supieras cuánto te entiendo, extraño que escribes.
Supieras cuánto te conozco, y ¿cómo te llamas?.
¡Yo tengo tantas ganas de arrancar esa pena de tu alma! Tal vez podrías hacer algo así por mí, ¿no? Cierto, ambos estamos bien jodidos.
Pero el corazón nos late COMO NUNCA (:
Tienes el don de hacerme sentir tan bien, extraño.
Si acaso me enamoré de nuestra propia, misma pena.
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