y el sol muere cada tarde.
Me
pasa con Victor Jara que no sé si estuvo de moda o lo está ahora. ¿En qué va?
en el impacto que causó, en la herencia/trascendencia de su canto. En cuántas
balas le atraviesan por cantar una canción.
Dentro
de la religiosidad populacha uno se vuelve santo cuando muere como mártir, siendo
referente de algo, la voz del pueblo. Después te adornan la tumba y te
comienzan a prender velitas año tras año, pegando alrededor de tu muerte flores
plásticas y placas de agradecimiento por favor concebido. En el caso del
Victor, las tenía todas para transformarse en el santo popular que dejó la
época del terror en Chile. Sin embargo, el paso de su vida por la nuestra se
encausó por otro camino: las mil guitarras para Victor, las mil versiones de
sus canciones y el bendito Victor Jara wannabe
de la Nueva Canción Chilena.
Desde
que se abrió paso al nuevo milenio moderno y jaguarino del Chile democrático, se
hizo eco de muchas voces nuevas que entonaban con guitarra en mano, y se
metieron al mismo saco trovadores, punketas, locos y locas pop y folk por la
pura coincidencia de fechas. En esta efervescencia de acústicos me encontré un
día con nuevas versiones del canto de Victor Jara. La Pascuala Ilabaca le daba
voz femenina y unos sonidos medios jazzeros a “La Luna siempre es muy linda”,
una de las canciones grabadas para el álbum “Me saco el sombrero” del año 2014.
Y
aquí sí que no dudo, ella y el disco sí estuvieron de moda. Y me incomoda. Me
incomoda el trastorno de contextos y la manipulación de un manifiesto de vida,
pero sobretodo de muerte. Pienso en el poco sentido de la Nueva Canción que
busca ser referente de algo y, a lo mejor, hasta desea atravesarse el cuerpo
con un par de balas para que lo recuerden. Para ser algo en este otro Chile del
terror, cuyo enemigo fantasma nadie consigue reconocer para darle la pelea. Dan
palos de ciego y chocan incesantemente con la nostalgia malparida. No creo que
se trate de repetir la misma resistencia y reversionar una trinchera de lucha
porque el escenario es otro y para actuar, primero hay que reconocerse hijo de
su tiempo.
Y
no pienso, por ejemplo, en “El manifiesto”, o en “Plegaria a un labrador” por
ser oficialmente contestatarias dentro del repertorio del cantautor. Pienso más
bien en La Luna siempre es muy linda porque se me hace política ella misma, y
por ello trasciende y da cuenta de un gesto potente. Desde la pobreza de su
biografía que enternece, y construye poesía honesta y valiente. Porque, de
alguna forma, se vuelve lección en el tiempo de hoy, y le devuelve importancia
al cantar de adentro, levantando la micro política de las biografías.
Por
eso quiero gritar no creo en nada sino en el amor de los seres humanos
Quién
puede callar el latido de un corazón palpitando
O
el grito de una mujer dando un hijo
¿Quién?