diciembre 25, 2009

Crónicas navideñas.

Esta es la historia de cómo mi computador amenazó con arruinar la Navidad, y de cómo ésta humilde escritora logró salvarla.

Estábamos ahí, mi papá, mamá, hermana y yo. Hace años que no estábamos sólo nosotros cuatro en una Navidad, mi abuela se fue, (un amor ido...historia aparte.) Prima en casa de su padre, Tía con paradero desconocido y gentes en sus casas, igual a una sencilla cena de cuatro sujetos. Mi papá - que es experto en andar de mal humor en los días menos oportunos - empezó muy temprano a protestar que tenía hambre, como nadie le discute al 'Hombre de la casa' tuvimos que cenar ultramente temprano y terminamos a las 22.OO así que tuvimos que sentarnos en el sillón a ver tele y las estúpidas películas navideñas repetidas por dos horas. Mi papá se fue a acostar porque es un sujeto muy fome y en fin, mejor que se haya acostado porque me desagrada ver su cara de mal humor... yo ya andaba realmente mal y verle su tonto rostro no me estaba ayudando a mejorar.
Punto en contra, no tengo cable, ya no. Mi padre es un inconciente ¿Qué no entiende que el cable es algo sagrado? Y lo saca un día antes de Navidad, ¿cuál es su problema? La verdad es que hasta yo me sorprendí de mi reacción ante tamaña tragedia... prendía la tele, recorría en menos de tres segundos estos estúpidos 4 canales y me ponía a llorar como enferma, me tiraba al suelo y gritaba. No crean mal... no es que me gaste la vida haciendo pataletas por cada cosa, pero esto realmente no lo podía controlar y ahora que lo pienso y me acuerdo de mis escenitas me causa mucha gracia. Aunque aún no supero el tema, así que no mencionen nada que tenga relación con ello, mucho menos Disney Channel... por ahora, esa jodida palabra es mi punto débil.
23.28 (lo admito, es una hora inventada porque ¡qué se yo que hora era!) Cero espíritu navideño en cada una de nosotras, mirando la tele simplemente por mirar la tele, ¿Qué más ibamos a hacer? Me imaginé a mi mamá pensando en la Leli... nuestra primera Navidad sin ella. Me imaginé a mi hermana pensando en cualquier cosa de su vida, o quizás en los regalos... a veces ella pareciera ser la menor. Y me ví a mí, ahí sentada, esperando medianoche para abrir los regalos, primera vez en la vida que no tenía ganas de hacerlo, primera vez en la vida que estaba tan triste para una Navidad, si bien ahora entiendo mejor que nunca el significado de este día y lo veo desde otra perspectiva totalmente diferente, no me hizo sentir mejor. Al contrario, sólo me entristecí más de estar ahí haciendo la hora para abrir los regalos, y que en la tele sólo hubieran películas de "Santa Claus". Ahí pensando y pensando en mis tontas cosas de quinceañera en Noche Buena, mi madre se para y empieza a subir las escaleras... eso ya fue el colmo. Es decir, está bien que le guste jugar Solitario Spider, ése jodido Solitario Spider que tantos problemas, discuciones y pequeñas peleas ha causado entre nosotras dos... está bien que le guste jugarlo, está bien que se haya obsesionado un poco con el... está bien que pase todo el día jugandolo, está bien que me saque del computador a empujones para jugarlo... Pero irse a jugar el maldito día de Noche Buena ya era demasiado, creo que hace tiempo no había sentido tanta rabia, y al ver la expresión de mi hermana comprobé que para ella también era así. Simplemente no dijimos nada y nos fuimos a nuestras piezas. Prendí la radio y me tiré encima de la cama... ahí estaba yo mirando al techo, escuchando I gotta feeling de Black Eyed Peas, canción de mierda que me tiene harta. A pocos minutos de la medianoche, a pocos minutos que de Jesús naciera y a nadie le importaba un carajo. Qué Navidad más triste... Iba a quedarme dormida cuando Doña Prefiero no comer por quedarme jugando Solitario Spider en el computador abrió la puerta de mi pieza y con cara de perro arrepentido me dijo que bajara.
Era como si el tiempo se hubiese detenido, aún faltaban unos diez minutos. Concluimos que era bien absurdo seguir esperando, además que estaba el riesgo de que la espera le diera paso a algún otro acontecimiento desafortunado. Fui a buscar al niño Dios (qué anti-yo suena decir eso) para ponerlo en el pesebre, yo empezé a hacer un ruidito de fondo golpenado el sillón cual tambor, y mi mamá empezó a cantar El Tamborilero, entre risas y buena vibra se encaminó muy teatralmente a poner la figurita de yeso al medio de María & José, mientras mi hermana se reía y ponía cara de cómo pueden estar haciendo eso.
Luego abrimos los regalos, ésta fue mi primera Navidad en que no descubrí ni por accidente ni intencionalmente ningún regalo, así que todo fue una sorpresa. Han habido años más ostentosos, han habido años más escasos... Pero ni un año cómo éste, sólo nosotras tres... con quienes me siento total y en plena confianza, y puedo percibir ése lazo tan fuerte que nos une, somos unas cabras chicas de mierda, yo con 15, mi hermana con 19 y mi mamá con 42 años, unas inmaduras por completo, que pelean y se gritan por todo, pero realmente me gusta la 'familia' que conformamos las tres, mi papá siempre ha sido cuento aparte, además, se fue a acostar con su mal humor y todo.
 Me encantó ver la cara de mi hermana con sus regalos, más encantó ver la cara de emoción de mi mamá cuando desenvolvió su regalo y vió el mp3, jamás se lo había esperado y se le pusieron los ojos vidriosos... Realmente valió la pena que con mi hermana nos gastáramos lo que teníamos en su regalo. ¿Y para mí? Fue un gran alivio no tener que fingir emoción con ningún regalo, cada uno fue hermoso y me gustó mucho, y lejos lo mejor fue mi CD de Taylor Swift, Fearless. También lloré de emoción, cuando tu madre viene y te regala un CD de Taylor Swift no tienes más opción que llorar de emoción ¿no?
Todas felices y satisfechas, apagamos las luces y nos disponíamos a dormir... cuando apenas entro a mi pieza y desde la plaza escucho las inconfundibles voces y frases tan únicas de ellas, de nuevo una emoción singular me llenó y bajé las escaleras a oscuras... casi me caigo, mi papá se despertó y empezó a gritar cosas que yo no escuchaba. Abrí la puerta y lo primero que hice fue gritar como niña huequita y tonta. Ahí estaban mis amigas, mis amadas y estúpidas amigas, eran al rededor de las 1.3O a.m. y ellas ahí paradas al frente de mi casa, en Noche Buena. Son las mejores. Entramos, reímos, conversamos, y todas las cosas que se supone que hagan un grupo de sujetas de quince años que se ven en Navidad.
3.OO a.m. Nuevamente yo en mi pieza, escuchando mi CD de Taylor, pensando y pensando, ¿Qué concluyo? Es lindo cuando las cosas pueden tomar un giro drástico y lograr que una personilla vuelva a sentirse dichosa, me siento avergonzada de haber estado la mayor parte del día amargada, Dios no se merecía ésa actitud de mi parte, las canciones de Taylor se escuchaban diferente de cómo yo las tengo en el PC, ésta navidad quería saludar a alguien... pero no lo hice.


Y ésa es la historia de cómo un computador puede arruinar una Navidad, y de cómo ésta humilde escritora puede salvarla.