Yo no me quedo atrás.
Soy una más de las que aman la víspera navideña. Ver las decoraciones en cada fachada de las casas, escuchar los mismos villansicos de cada año, los amigos secretos, compras apresuradas, acompañar a mi mamá a las compras a la Estación Central, ese gigantezco árbol de navidad, amo tener que inclinar la cabeza para poder verlo ♥ Los viejos pascueros en turno, me causa gracia verlos con esos trajes rojos y las barbas, seguramente deben estar delirando de calor, simulando la "Blanca Navidad" ¡Porfavor! Estamos en Chile y aquí el sol cae sobre nosotros despiadadamente... me gustaría ver a un Viejito Pascuero con short.
Cómo odio los comerciales de navidad.
Cómo odio las propagandas, la publicidad.
Cómo odio a los Viejitos Pacueros, de hecho.
Cómo amo los pesebres.
Cómo amo armar el arbolito.
Cómo amo salir de mi casa, caminar por donde sea y ver como el sol se oculta para dar paso a esas lucecillas de colores, a las guirnaldas y los arbolitos que se distinguen por las ventanas. No hay precio para eso. Y aunque ya suene gastado y cliché y blablabla, la navidad tiene una magia especial que ayuda a esta muchacha a sentirse bien, me regala una dosis de buen humor y paz como en ninguna otra época del año. ¿Ese es el objetivo de estas fechas? Pues en mí, surte efecto con gran eficiencia :)
Pero por más villansicos que se escuchen, por más regalos que envuelva, por más luces y adornitos que vea, por más cola de mono que tome y pan de pascua que coma hasta vomitar. La nostalgia... la melancolía... no parecen esfumarse como desearía... no hay qué o quién las aullente.
Debo acostumbrarme a ello y ¡Feliz Navidad!