Tengo tanta rabia justo ahora.
Trataré de omitir las "malas palabras" por la simple razón de que quiero que este sea mi pequeño especio rollástico :) y no tiene por qué estar lleno de palabras que sólo la rabia las hace aparecer. Quiero probarme, ver si soy capaz de razonarlo y controlarme. Porque tengo que aprender a hacerlo.
Estoy tan disgustada conmigo, una decepción nueva que sumar a mi larga lista, otra vez me he fallado, y sigo alejándome de esa personilla que solía ser antes, ayer, los días que olían y sabían a felicidad... Que últimamente me cuesta tanto sentir.
¡Qué rayos! >__< estaba tan bien, creí haberlo logrado, estaba en total armonía conmigo misma, como no lo había estado hace tantos días, creí haber encontrado al fin esa "paz interna" y me invadía un peculiar e intenso buen humor, tan fuerte, que creí que nadie podría penetrarlo y arruinar mi estado de ánimo. Porque el estar así me había dado más fuerzas para seguir adelante, me sentía orgullosa de mí y creí haber aprendido. Creí haber aprovechado de la mejor manera esa pizquita de madurez que mi amada Taylor me obsequió anoche mientras Morfeo me hacía compañía.
Pero debí saberlo ¿no? es bastante común en mí que lo que considero perfecto por unos momentos se derrumbe casi enseguida, es como que la vida sintiera recelos de mí. No me deja ser feliz, la felicidad se empeña en alejarse cada vez más y más, y no se da cuenta que yo necesito alcanzarla de una vez... al parecer le agrada ponerme en circunstancias muy difíciles, le divierte mucho crearme más y más problemas y ver cómo yo trato de superarlos, siempre fallando. ¿Es el karma? ¿Qué rayos fue lo tan terrible qué hice en mi vida pasada? ¿Asesina en serio, psicópata pervertida, científico loco? Definitivamente algo mucho peor.
No, no exagero.
¡Entiéndelo, vida! Tú sabes que no es mucho lo que esta muchacha te pide. Es más, te daré un ejemplo ¿Recuerdas esta tarde? Exacto, recuerdas en lo que pensaba cuando iba camino a mi casa, mirando el cielo como siempre... Cielo, el que siempre me regala su paz sin pedirme nada a cambio. Mirando el cielo, viendo la gente pasar, y yo tan desapercivida entre ellos, como siempre ha sido, nuevamente me sentía feliz. Había vuelto yo. Pude reencontrarme con mis viejos pensamientos y opiniones acerca de lo más tonto, acerca de lo más profundo, otra vez pude reconocerme y me sentía tan dichosa, como nunca antes. Podría haber llorado de felicidad, sin exagerar.
¿Acaso te disgusta verme así? ¿Te molesta que la alegría inunde mi alma, por unos segundos?
Tal vez yo tengo la culpa... No, no tal vez. Es un hecho, yo tengo la culpa.
Porque sin querer sigo teniendo las expectativas, y sigo notando los detalles, esos pequeños detalles que me arruinan la existencia. ¿Cómo puedes con tan poco, hacerme tan infeliz?
De un momento a otro, paso de sentirme tan fuerte e impenetrable a ser de nuevo esa quinceañera, esa típica adolescente tan vulnerable y débil, ¡que odio! ¿Qué no lo entiendes? No te quiero aquí.
Sólo algo sé, si Diosito quiere, mañana será un nuevo día, despertaré, abriré mis ojos sintiendo los rayos del sol en mi rostro, y estaré consiente de que el mundo sigue girando, que la gente no se ha detenido porque yo esté cayendo nuevamente... todo sigue igual, para los demás. Y eso está bien, es así como debe ser. No queda más que seguir en esa infructuosa y casi utópica búsqueda de la felicidad. Mi tipo de felicidad.